Publicado en (Mercosur) por SyC el diciembre-28-2009

 

Por Gardenia Mendoza Aguilar (x)Irma Córdova recibió con las manos trémulas y la frente en alto la bandera de México que envolvió el ataúd de su hijo, el tercer maestre de las Fuerzas Armadas Melquisedet Angulo, sin saber que su propia muerte vendría unas horas después: mientras dormía fue acribillada con armas R15, un fusil cuyo impacto a corta distancia provoca heridas de hasta 10 centímetros de ancho.Los narcotraficantes respondieron así al falleciemiento de Arturo Beltrán Leyva, ‘El Jefe de Jefes’, a mediados de diciembre a manos de elementos de la Marina, donde había caído Angulo, en la ciudad de Cuernavaca (centro).Por primera vez en la historia del narcotráfico en México, los capos traspasaron sus propios límites de no tocar a la madre de sus enemigos. Hasta ahora había respetado, sino a los familiares, sí a ese ser que da a luz y está presente en cada uno de los pasos que guían a los hijos. Las madres son, o eran, para los criminales símbolos sagrados que tomaban su mejor representación en la Virgen de Guadalupe, madre de Dios , señala Alberto Reynoso, investigador en psicología de la violencia en la Universidad Autónoma Metropolitana. Este es un mensaje contundente. Van con todo, y no debe pasarse por alto , agrega.Durante 2009, el crimen organizado dio muestras de una creciente necesidad de valerse de estrategias de impacto público para infundir miedo a través de la violencia: cadáveres en las calles más congestionadas; otros que caen desde avionetas desconocidas, cuerpos disueltos en ácido; asesinato a niños en escuelas y casas particulares…¿Hay algo más doloroso que morir descuartizado, torturado, decapitado o acribillado? Sí, que la familia sea testigo.El pasado 15 de diciembre cuatro hombres fueron hallados en las salas de sus casas con la cabeza desprendida y colocada encima de sus pechos, con los ojos abiertos, tal como pretendían que los visualizaran sus hijos, esposas y parientes en la fronteriza ciudad de Tijuana, sede del cartel homónimo.El 17 de junio, en la ciudad de Uruapán, Michoacán, cuna de los narcotraficantes conocidos como La Familia, colocaron los restos desmembrados de un joven de 20 años debajo de un puente que es paso peatonal obligado hacia una escuela primaria.Al bajar las escaleras, padres y niños se encontraron primero con una pierna; más adelante la otra; luego los brazos, el tórax y, al final del corredor, la cabeza expuesta con una expresión de horror que atestiguaron tanto estudiantes como los fotógrafos locales, que pasaron por el sitio una hora antes de que llegaran los forenses. Cada vez es mayor el número de ciudadanos afectados tanto física como psicológicamente , señala el obispo Raúl Vera, uno de los sacerdotes católicos más críticos de la lucha contra el narcotráfico y la posición del gobierno de no actuar con contundencia en hechos como los bombazos ocurridos en Sonora, en noviembre pasado.Las autoridades mexicanas no calificaron los hechos como actos terroristas. Tampoco lo hicieron cuando dos bombas lanzadas por narcotraficantes mataron a ocho personas e hirieron y mutilaron a un centenar durante la penúltima celebración por el aniversario de la Independencia de México, en 2008. Todo lo que hacen, incluso los muertos que abandonan con mensajes a lado es terrorismo puro, entonces qué espera el gobierno para denunciarlos así ante la ONU y que se aplique esa resolución para decomisar su dinero. Tienen los instrumentos internacionales en sus manos , señala.El presidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico en cuanto tomó el poder en diciembre de 2006 con el despliegue de 50 mil soldados.El gobierno de Estados Unidos, por su parte, reportó que hasta la fecha ha entregado a México recursos equivalentes a los 82 millones de dólares, procedentes de la Iniciativa Mérida, acordada por los presidente Felipe Calderón y George W. Bush en 2007 y prevé 1,350 millones de dólares para apoyar el combate al narcotráfico.Con todo, actualmente la Procuraduría General de la República (PGR) reconoce que actualmente ninguna de las 32 entidades de México está exenta de la presencia de narcotraficantes que buscan nuevas plazas tanto para el tránsito como para la producción y el consumo de cocaína, marihuana y metanfetaminas, principalmente.En lo que va del año, la prensa local contó más de 7,500 asesinatos relacionados con el narcotráfico; entre los que se encuentran víctimas de fuego cruzado, sicarios, traficantes, policías, militares y familiares. Es obvio que se están valiendo de todos los recursos para responder la ofensiva del gobierno y una de las más antiguas tácticas es meter miedo a la población para que la opinión pública presione, tal vez de manera indirecta, a pactar o a dejar todo por la paz , señala José Fernández Santillán, analista en temas de seguridad nacional del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.Por otro lado, la descomposición moral viene desde el seno mismo de la familia de narcotraficantes.Según el escritor de libros sobre el narcotráfico Jorge Fernández Menéndez, la estructura relativamente armoniosa del poder del narco comenzó a resquebrajar la sólida estructura de los carteles de la droga con el asesinato del hermano menor de Vicente Carrillo Fuentes El señor de los Cielos y su esposa, en 2006, en pleno centro de Culiacán, cuna del narcotráfico en México.RECUADROLucha contra el narcotráfico 2009- Ejecutados: 7,500- Día más violento: 17 de diciembre con 64 muertos- Presuntos narcotraficantes detenidos 11 mil 297- Principales capos caídos: Arturo Beltrán Leyva, ex jefe del cartel de Sinaloa, muerto el 15 de diciembre; Vicente Carrillo Leyva, hijo del extinto Amado Carrillo Fuentes, fundador del cartel de Juárez; y Vicente Zambada Niebla, alias El Vicentillo, hijo de Ismael ‘El Mayo’ Zambada, uno de los jefes del cartel de Sinaloa.- Funcionarios involucrados con el narcotráfico: 362; 54 militares- Decomiso de cocaína 12 toneladas- Decomiso de vehículos 5,882- Decomiso de armas 15 mil- Erradicación de marihuana y amapola 17,563 hectáreasFuente: Presidencia y PGR.(x) Editada por el diario La Opinión de Los Angeles, EUA.


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