¿Hay mayor respeto por el sector manufacturero actualmente?Aunque su porcentaje de participación en la economía americana esté disminuyendo, las señales de recuperación del sector repercuten en EUA y en el mundo y parecen indicar que la recesión mundial está llegando a su fin. Al mismo tiempo, lo cerca que ha estado del colapso la industria automovilística americana y la llegada, el año pasado, de un presidente y de un Congreso demócratas a Washington, suscitaron una nueva reflexión sobre la importancia del sector en la recuperación económica actual, , según lo relata el informe producido en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania. Wharton es una de las escuelas de negocios líderes y más prestigiosas del mundo.De acuerdo con John Paul MacDuffie, profesor de Gestión de Wharton, aunque algunos leales defensores del libre mercado estuvieran dispuestos a dejar morir la industria automovilística, el sentimiento predominante en el país era de rescate de este sector, entre otros. Esto se explica, en parte, porque las fábricas siempre han pagado buenos salarios, directa e indirectamente, a través de sus múltiples proveedores. Además, siempre se han considerado como patrocinadoras importantes de la investigación y del desarrollo, que han tenido como resultado tecnologías innovadoras capaces de generar todo un conjunto de nuevas industrias. Algunos especialistas creen que “si no hubiera fabricantes de automóviles americanos, nosotros, como economía y país, no seríamos tan fuertes como somos y necesitamos ser”, principalmente después de la última crisis, señala MacDuffie.A nivel global, “lo que vemos es una recuperación sincronizada y significativa de la actividad manufacturera en todo el mundo”, observa John Ryding, economista jefe de RDQ Economics en Nueva York. “Aún falta mucho para que volvamos otra vez a un nivel cercano a los niveles normales, o a lo que era normal antes de la recesión. Pero las fuerzas que produjeron esa caída brutal de producción y el colapso en el volumen de bienes comercializados parecen estar retrocediendo”.Otros, por su parte, son más prudentes. El aumento de la producción industrial puede verse minimizada por puntos frágiles en partes de la economía, observa Donald Norman, economista y coordinador de investigaciones del MAPI, brazo de educación e investigación del sector manufacturero. “Estamos saliendo de las entrañas de la recesión, pero muy lentamente. No se trata de una recuperación significativa”.Ordenadores y electrónicaUna mejora sólida y sorprendente constatada en investigaciones recientes que monitorizan las perspectivas del sector muestra que los pedidos están recobrando fuerza y que el declive de los stocks llevará a avances en la producción industrial y a una mayor expansión económica en los próximos meses. El Instituto de Gestión de la Oferta (ISM), por ejemplo, cuyo índice de compras realizadas por gerentes es seguido con gran interés, ha tenido un aumento de 55,9 puntos en diciembre. Fue el nivel más elevado desde abril de 2006. Los analistas habían previsto un aumento de 54,3. Mientras, la Investigación de la Alianza de los Fabricantes/MAPI publicada por Business Outlook reveló que el índice de diciembre subió hasta 57, frente a 38 en septiembre.Los datos del ISM, señala Nicholas Souleles, profesor de Finanzas de Wharton, fueron siempre un fuerte indicador de la producción industrial y por eso merecen atención. La producción industrial, por su parte, lleva a la expansión de la economía en general y, por último, a nuevos puestos de trabajo, a medida que las empresas se sienten más confiadas. Además, los datos tienden a mostrar que los periodos de caídas rápidas de la producción industrial dan lugar a una expansión mucho mayor cuando la economía vuelve a crecer.El papel del sector manufacturero en la recuperación actual está sujeto a varias condiciones, observa Souleles. En primer lugar, el sector suele ser siempre muy cíclico a corto plazo, presentando grandes fluctuaciones debido a dificultades de adaptación de las empresas de gran tamaño, lo que puede llevar años de planificación y desarrollo. En segundo lugar, el sector desempeña un papel menos importante en la economía en general. En 1953, la producción manufacturera alcanzó su valor máximo en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial: un 28,3% del PIB, mientras que hoy ese porcentaje es del 12%. La producción industrial aumentó en ese periodo, sin embargo el rápido crecimiento del sector de servicios eclipsó al sector manufacturero en cuota de mercado.Por último, la velocidad y la seriedad del retroceso económico que, en última instancia, ha sido el peor de todos desde la Gran Depresión, es también uno de los factores responsables de la recuperación actual del sector manufacturero. “Esta vez, la dinámica es un poco diferente”, dice Souleles, que hace mención a dos fases distintas de la crisis. Inicialmente, hay “una desaceleración cíclica normal, más parecida a un declive en cámara lenta”, que comenzó un año antes de que salieran a relucir las dificultades de Lehman Brothers. La fase siguiente fue después del colapso de Lehman’s “en otoño de 2008, en que el timing fue mucho más rápido”.Marshall Fisher, profesor de Gestión de las operaciones y la información de Wharton, advierte que aunque algunos datos recientes de fabricación indiquen una fuerza renovada, esa mejora se está produciendo a escala muy reducida. El declive de la producción manufacturera prevista por el MAPI para 2009 es de cerca de un 12%, tres veces más severo que el de la recesión anterior. “Por lo tanto, aunque el número de pedidos esté aumentando a una velocidad sin igual en más de tres años, eso no es más que reflejo del ritmo del cambio. Cuando las cosas entran en esa trayectoria de declive, puede haber una cierta recuperación, pero no en un grado que permita la vuelta a un punto conquistado anteriormente”.Fisher destaca que incluso cuando las empresas subcontratan la producción a fabricantes, resulta más fácil ajustar la producción a los cambios abruptos de la demanda. La industria electrónica, en especial, trabaja con un nivel mínimo de inventario. Fisher recuerda a un ejecutivo de Nokia describir, en el auge de la crisis, cómo estaba adaptándose la empresa. “Él dijo que habían conseguido gestionar la situación haciendo ‘las cosas de siempre’. Me quedé sorprendido al saber que la empresa tiene, de hecho, una estrategia que le permite avanzar y retroceder rápidamente”.De acuerdo con Norbert Ore, presidente del índice ISM, el informe más reciente de la empresa muestra niveles diversos de solidez en el sector manufacturero. El sector que resistió mejor fue el de los ordenadores y electrónica, explica , ya que las empresas de ese segmento contaban con un balance de pagos en buenas condiciones cuando la crisis estalló. Ellas aprendieron a hacer caja después de verse seriamente perjudicadas por el gran volumen de reestructuraciones que siguieron al virus del cambio del milenio y a los ataques terroristas de 11 de septiembre de 2001.En total, la investigación de ISM analiza 18 industrias del sector manufacturero, nueve de las cuales crecieron en el último periodo analizado. Los buenos resultados obtenidos reflejan la fuerza de esos sectores en crecimiento. Pero una recuperación que deje la mitad de las industrias en declive no deja de ser preocupante. “Eso no es muy común”, dice Ore, “pero el hecho es que la mayor parte de las recesiones no llegó al nivel de contracción de la recesión actual, sobre todo en el sector de la vivienda”.Una recuperación a gran escala del sector manufacturero, añade, requiere la pujanza en los sectores automotrices y de inmuebles residenciales, ya que ambos abastecen a incontables industrias, como la del vidrio, plástico y acero, entre otras. “Ambos sectores llegaron a niveles muy bajos en 2009”, dice Ore. “La industria automovilística parece estar recuperándose más deprisa que la de la vivienda”. Además de eso, resalta Ore, la utilización de la capacidad disponible —un indicador que sirve para medir la cantidad de fábricas y de equipos en uso en el país— es de sólo un 70%, ante una utilización anterior del 65% en mayo, sin embargo por debajo de cifras más frecuentes siempre en torno a un 80% y un 85%.Richard Lai, profesor de Gestión de las operaciones y la información de Wharton, también pide cautela en cuanto a la interpretación de las últimas cifras. El sector manufacturero, dice, está sujeto a alteraciones bruscas de demanda que pueden tener como resultado el colapso de toda la cadena de suministro, desde el fabricante hasta los segmentos de comercio minorista y mayorista. “Como en el juego [del teléfono] en que un niño cuchichea algo al oído de otro y éste al siguiente, lo mismo ocurre cuando la información de un pedido pasa del minorista al fabricante, la información recibida por este último llega distorsionada”.El lado positivo de eso, dice Norman, es que el patrimonio neto del consumidor está mejorando, su deuda está disminuyendo y la tasa de ahorro personal es mayor. Pero, aunque esos cambios sean saludables para la economía a largo plazo, dice Norman, el efecto a corto plazo es que el gasto del consumidor —que representa un 70% del PIB— no crecerá tan rápidamente como en el pasado, lo que hace que la recuperación del PIB sea lenta.El papel del GobiernoMacDuffie prevé que la política del Gobierno continuará desempeñando un papel importante en el sector manufacturero. Cerca de un año atrás, habría sido difícil imaginar que el Gobierno americano pudiera asumir el control de General Motors. MacDuffie destaca el nombramiento de Ron Bloom —asesor senior del secretario del Tesoro designado para integrar el equipo del presidente para la Industria Automotriz— a una nueva posición de asesor de la política de fabricación. El Gobierno Obama nombró también a Ed Montgomery, miembro del equipo de la industria automovilística del presidente, para la posición de Director de Recuperación de las Comunidades y de los Trabajadores del Sector Automotriz.Además de la severidad de la recesión, MacDuffie dice que es de esperar que el sector manufacturero reciba nueva atención con la llegada de un Gobierno demócrata que, normalmente, tiene fuerte apoyo en las regiones del país donde el sector es fuerte. El Gobierno Obama, añade el profesor, está invirtiendo en nuevas formas de conservar y expandir el sector manufacturero internamente por medio del análisis de las fábricas y la especialización existentes, sobre todo en las regiones más afectadas del Medio-Oeste y otras. El objetivo es hacer que desempeñen un papel relevante en el desarrollo de nuevas industrias, principalmente en los sectores de energía alternativa y otros igualmente “verdes”.El Gobierno, sin embargo, usará también mucha prudencia a la hora de anunciar un plan bien definido de política industrial, ya que eso podrá llevar a una respuesta airada de los empresarios recelosos de que el Gobierno sobrepase los límites de actuación y con eso sofoque las innovaciones del libre mercado. MacDuffie destaca que otros países ya cuentan con políticas que conceden a las industrias nacionales ventajas en relación a los competidores extranjeros. “Nadie quiere interferir en el comercio, sin embargo, si miráramos lo que sucede en las economías más avanzadas y en desarrollo que tienen un sector manufacturero dinámico, veremos que todas apoyan sus industrias de una forma o de otra”, dice. “Si optáramos por no hacerlo, estaríamos falseando la base de la competencia existente”.El gobierno francés, que es dueño del 15% de Renault, se opuso al plan de la empresa de producir un coche nuevo en Turquía en vez de hacerlo en una fábrica en los alrededores de París, tal y como habían planeado inicialmente, recuerda MacDuffie.Con relación al sector manufacturero en el mundo, la mejora observada en EUA se refleja en otros países. En Europa, el sector creció en diciembre a la tasa más veloz registrada en 21 meses, según datos de Markit Economics, de Londres. El mismo mes, una investigación de HSBC Holdings hecha entre gerentes chinos de compras muestra el crecimiento más rápido del sector en cinco años. En EUA, el MAPI prevé el crecimiento de cerca de un 2% del PIB en 2010, aunque con un crecimiento más rápido del 4,6% de la producción industrial.La mejora del sector en todo el mundo, a pesar de las fragilidades persistentes en otras partes de la economía, es reflejo de la importancia del comercio mundial, que sólo ahora comenzamos a comprender a medida que van apareciendo las estadísticas de la recesión, dice Ryding. Él añade que cada vez está más claro que el comercio en sí aún es un mecanismo importante para los altos y bajos de la economía, así como la oferta y la demanda. El colapso abrupto de las tarjetas de crédito como resultado del pánico que se adueñó de los mercados financieros muestra que el declive en las exportaciones e importaciones tiene un efecto importante en la recesión y en la recuperación global. Aunque el colapso de los mercados residenciales de EUA haya influido directamente en la recesión, las empresas japonesas han tenido poca o ninguna exposición a esos problemas. No obstante, dice él, sufrieron una caída acentuada en sus negocios, ya que la recesión se propagó por los canales financieros. Ahora, ocurre lo opuesto.La importancia de la conservación de una base doméstica manufacturera asociada al avance continuo de la investigación y del desarrollo también ha sido objeto de un interés renovado, dice MacDuffie. Con las mejoras introducidas en las telecomunicaciones y con la bajada de las barreras comerciales al principio de los años 80, muchas multinacionales subcontratan su producción a países con mano de obra barata. Pero conservaron la investigación y el desarrollo en el país de origen o en países desarrollados con sistemas educativos sólidos.Ahora, sin embargo, muchos países están en condiciones de llevar a cabo sus propias operaciones de investigación y desarrollo, dice MacDuffie, añadiendo que buena parte de la ciencia que hay dentro de los ordenadores ha emigrado de EUA a Taiwan, donde se hace la producción. Esto ocurre porque los conocimientos que surgen durante el proceso de fabricación contribuyen a generar nuevas ideas para la investigación. Un modelo semejante está ganando fuerza en el sector de telefonía móvil. HTC, fabricante taiwanés del nuevo Google Nexus One y de otros aparatos móviles con plataforma Android, era inicialmente una empresa contratada para producir los aparatos en cuestión. Hoy, fabrica y comercializa esos productos con plena autonomía.MacDuffie dice que a los fabricantes, les resulta difícil mantener la investigación y el desarrollo separados de las fábricas. “Durante algunos años, el modelo de manufacturación subcontratada ha ofrecido ventajas a las empresas de gran tamaño debido a la forma en que se organiza, lo que les permite preocuparse por la innovación”, dice. Pero el atractivo de la fabricación subcontratada “puede no durar mucho y, a veces, muchos descubren que el fabricante contratado se ha convertido en su directo competidor”.Mientras, el Gobierno de EUA ha decidido reducir el énfasis dado a investigaciones que podría tener efectos positivos para la industria. La financiación federal para el sector de Ciencias Físicas ha disminuido en el cómputo total de la ayuda federal para la investigación básica desde la época del programa espacial Apollo, en los años 60, cuando EUA gastaba un 2,5% del PIB en investigación básica. Ahora, el gasto total en ese tipo de investigación es del 0,3% del PIB.De acuerdo con Souleles, a pesar de todas las ventajas económicas resultantes de la conservación de una base fuerte de producción, el sector de servicios también desempeña un papel importante en la economía americana y constituye una evolución natural a medida que los países avanzan hacia una sociedad que ya no depende tanto de una plataforma manufacturera de peso. “No sorprende que, al enriquecerse, la población de un determinado país gaste un porcentaje mayor de su renta en servicios”, dice Souleles. “Perdemos muchos puestos de trabajo en el sector de producción. A largo plazo, eso preocupa. Sin embargo, no debemos caer en el extremo opuesto hasta el punto de creer que el papel cada vez más evidente del sector servicios no es importante”.Souleles añade que cada país debe favorecer aquello en lo que destaca para conservar o conquistar su espacio en una economía global competitiva. “No hay nada de malo en un país que priorice áreas en las cuáles tiene una ventaja comparativa. La tecnología está siempre evolucionando, pero lo importante es que EUA tenga un nicho y una fuerza de trabajo preparada y capaz de cambiar hasta nuevas áreas de alto valor añadido”.